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Por Olkeri.space
Catar, Kuwait, Omán y Jordania: la segunda línea del Golfo se digitaliza
Economías más pequeñas de Oriente Medio persiguen la IA mediante inversión soberana, logística y, en el caso de Jordania, talento exportado.
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Más allá de los Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudí, varias economías menores de Oriente Medio persiguen la inteligencia artificial con recursos más modestos y una especialización más clara.
Catar:
Catar dispone de un patrimonio soberano considerable y de una población de ciudadanos muy pequeña, y ha invertido en capacidad de investigación en lugar de intentar un desarrollo industrial amplio.
El instituto catarí de investigación en computación ha producido trabajo reconocido internacionalmente, con fortaleza particular en procesamiento del lenguaje natural en árabe, analítica de datos y computación social. Su trabajo sobre la lengua árabe está entre los esfuerzos sostenidos más serios que existen.
La ciudad educativa alberga sedes de universidades internacionales, que aportan capacidad de investigación y formación.
Las aplicaciones se concentran en energía, donde las operaciones de gas natural licuado del país son técnicamente avanzadas, junto con logística, aviación y gestión de infraestructuras. Acoger grandes eventos internacionales impulsó la inversión en sistemas de transporte, seguridad y gestión de multitudes.
La inversión en centros de datos ha crecido, apoyada en energía barata y capital soberano, con proveedores de nube internacionales estableciendo presencia regional.
Kuwait:
Kuwait tiene una riqueza petrolera significativa y ha avanzado más despacio que sus vecinos en diversificación tecnológica.
Los programas de digitalización de la administración han progresado, y el sector petrolero aplica el aprendizaje automático industrial habitual a la operación y el mantenimiento.
El sector tecnológico privado es pequeño, y Kuwait no ha adoptado el posicionamiento agresivo en IA de los Emiratos o Arabia Saudí. Las dinámicas políticas, incluidas fricciones parlamentarias recurrentes, han ralentizado las grandes iniciativas.
Omán:
Omán tiene menos recursos de hidrocarburos que sus vecinos y ha buscado la diversificación con énfasis en logística y energías renovables.
Sus puertos, situados fuera del estrecho de Ormuz, son estratégicamente relevantes, y la optimización logística es un campo de aplicación natural.
Omán ha despertado interés para la producción de hidrógeno verde dados sus excelentes recursos solares y eólicos, y ese mismo potencial renovable lo convierte en un emplazamiento plausible para computación intensiva en energía, aunque el desarrollo está en fase temprana.
Existen una digitalización de la administración y un programa nacional de IA, de escala modesta frente a los vecinos del Golfo.
Jordania:
La situación de Jordania es enteramente distinta: recursos naturales limitados, agua escasa y una economía construida en buena medida sobre servicios y mano de obra cualificada.
El país forma titulados técnicos capaces y tiene un sector de tecnologías de la información asentado que atiende a clientes regionales. Amán alberga un ecosistema emprendedor que, aunque pequeño, ha producido empresas con alcance regional, y el talento técnico jordano trabaja por todo el Golfo.
La actividad jordana en IA se concentra en servicios de software, tecnología financiera y tecnología sanitaria. La capacidad en lengua árabe es una especialización natural.
Las limitaciones son severas: la escasez de agua está entre las peores del mundo, los costes energéticos son altos por la dependencia de importaciones, el capital es escaso y la inestabilidad regional afecta a la inversión. La emigración de trabajadores cualificados al Golfo y más allá es sustancial.
El patrón común:
Los pequeños Estados ricos compran capacidad, invirtiendo fondos soberanos en infraestructura, instituciones de investigación y alianzas, mientras dependen de experiencia importada.
Jordania representa lo inverso: capital humano sin capital, que exporta talento a los países que tienen dinero pero no personas.
Ambos modelos chocan con las mismas realidades regionales: escasez de agua, dependencia de proveedores tecnológicos extranjeros y posicionamiento geopolítico entre potencias mayores cuyos controles de exportación determinan qué hardware está disponible.
La perspectiva:
Ninguno de estos Estados desarrollará por sí solo capacidad de IA de frontera. Sus caminos realistas son la especialización, la tecnología de la lengua árabe en el caso de Catar, las aplicaciones logísticas y energéticas en los demás, y el posicionamiento como centros regionales de servicios e infraestructura.